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LA HAMACA AZUL

Vengo a dudar.

Si las respuestas quieren venir claras, bienvenidas...si no, está bien. Pero por ahora necesito dudar y hacerme preguntas terrenales, de esas que parecen incoherentes por haber estado estancadas como agua sucia y que luego terminan transformándose en una poderosa masa de pensamientos alineados. Quiero ser testigo de ello. Para eso escribo.

Hoy, 26 de marzo del 2018 estoy en una granja en el medio de la nada. Es un bosque denso lo que nos rodea. No se escucha nada sino música natural, aves, viento, lluvia, y las carcajadas de Sage (3), el hijo de Tao y Sarah quienes estuvieron en mi historia a comienzos del año. Por alguna razón pensé que no los volvería a ver, al menos no tan pronto, pero parece que la vida me trajo aquí de nuevo para repasar una lección no aprendida. El 19 de marzo abandonamos Sydney para venir a vivir a Melbourne. Ellos nos ofrecieron quedarnos en su granja el tiempo que necesitemos mientras todo el tema de la mudanza a nuestra nueva casa se concreta. Ya se cumplieron 7 días aquí y...antes de continuar, quiero decir algo rapidito...


¡Me siento terrible!¡Auxilio!


No quiero sustituir "terrible" por una palabra menos real como si me quedaran ánimos para adornar lo que verdaderamente siento. ¡Porque me siento justo así! No se puede suavizar el vocabulario cuando la emoción es tan clara.


Si usted quiere conocer realmente su mente, el cuerpo le dará siempre un reflejo verdadero, así que observe la emoción o más bien siéntala en su cuerpo. Si hay un conflicto aparente entre ellos, el pensamiento será la mentira, la emoción será la verdad. No la verdad última sobre quién es usted, pero sí la verdad relativa de su estado mental en ese momento.
– Eckhart Tolle

Lo cierto es que se me ha dificultado mucho estar aquí, en este lugar lejano, silencioso, meditativo, desconectado de todo a lo que estoy acostumbrada, y mi ego, mi yo, la mente, el personaje citadino que necesita de un cappuccino para calibrar sus malestares grita y se retuerce porque no entiende esto. Todo se siente ajeno. El tiempo se hace elástico y de pronto se encoge.


Lo irónico es que hace algunos meses una amiga estuvo en un retiro de meditación Vipassana y al escuchar su experiencia lo primero que pensé fue: "¡Wow, suena genial, quiero hacerlo también!". Bullshit! Recordemos que un retiro de meditación Vipassana consiste en mantenerse en completo silencio durante 10 días en los cuales meditas 11 horas diarias, sin poder entrar en contacto físico o visual con las demás personas con las que estés meditando. Te levantas a las 4 de la mañana y hasta las 9 de la noche meditas con descansos cada 2 horas en los que paseas por los jardines del centro. La pregunta millonaria es: ¿Estoy preparada para someterme a algo así?¡Definitivamente, nah!


La manera como me siento en esta granja me hace fracasar un millón de veces en el intento de al menos saborear esa idea. Y me da mucha tristeza saberme incapaz de disfrutar de la quietud, el silencio y la calma que este lugar representa. Es que, verán. Estamos hablando de una propiedad no solo enorme sino rica en calor humano, proyectado en una familia maravillosa y Caiah, una perra súper pana. Es que hasta la perra es pana, no me jodas. Las formas de entretenimiento son contadas: Wifi, un mini muelle al pie del lago, paseos al bosque, una colección de libros bastante atractiva (mente, psicoanálisis, psicodelia, medicina ancestral, geometría sagrada, crop circles, zen, tantra, etc) y una hamaca azul idéntica a la que he invocado durante toda mi vida tanto en mis chistes como en mis oraciones...y ahora que la tengo, no se como usarla porque no puedo relajarme, dejarme abrazar por ella y detener esta idea tan ruidosa que me hace pensar que estoy perdiendo el tiempo ya que parezco estar entretenida por un mundo material que me ofrece alivios temporales que me alejan de lo que realmente necesito: paz interior. Eso es claro.


¡Qué locura!


¿De qué hablo cuando hablo de paz interior? ¡No lo sé! No lo sé porque aún no me identifico con esta oportunidad tan íntima y clara que la vida me ofrece de SER. Solo ser. SER sin pensar, sin actuar, sin pretender, sin hablar, sin resistir. Solo SER. Me cuesta tanto, carajo.

La hamaca azul es la representación de ese momento donde "finalmente" puedo descansar (como si sentirse en paz fuese el "final"). ¿Descansar de qué? ¿Del mundo, del sufrimiento, de la gente, de las erróneas ideas de sacrificio que nos imponemos para sentir que merecemos lo que logramos, del ruido de lo mundano, del entretenimiento, de los abusos y excesos, del vicio de querer controlar los acontecimientos sucedidos y por suceder en un orden banal? Cuando finalmente tengo la oportunidad maravillosa de desconectarme de toda esa energía me encuentro con esta desobediencia interna, esta resistencia que no puedo ocultar, que se hace evidente en mi lenguaje corporal, en mis ausencias, en las sombras que dejo regadas por todas las esquinas de la casa, en la tendencia a responsabilizar a otros y victimizarme ("Este lugar está muy lejos, esto no es divertido, no hay nada que hacer, me siento absurda y poco comprendida"). Já. Tengo casi un año anhelando "el momento perfecto" para inspirarme y crear. Y ahora que lo tengo, no lo reconozco como "la oportunidad" sino como "la razón de la queja". Aún cuando tengo todo a mi disposición me encuentro abrumada por ese delirante sentimiento de no estar haciendo algo significativo que se traduzca en dinero o formas de reconocimiento. Eso me entristece mucho, porque es así como he descubierto que funciona el mundo, dictado por la necesidad de hacer y hacer (y hacer y hacer) para obtener resultados tangibles, bienes intercambiables and... that's it? Perdemos la capacidad de disfrutar de la belleza palpitante que siempre nos ha rodeado, que tierna nos abraza sin poder ser percibida por nuestras almas cegadas.

Y a todo lo anterior, agrégale la luna nueva en Piscis.

Joder.




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