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FIN DE LA ESPERA

Hoy cumplo un año de haber aterrizado en estas tierras aborígenes. Recuerdo haber viajado después del día de la madre para celebrar juntas tan importante fechas. Siento que han pasado 20 años y al mismo tiempo 20 minutos, que he hecho de todo y al mismo tiempo nada. Simplemente un asunto mental. Han pasado muchas cosas desde entonces:


En abril finalmente encontramos un lindo apartamento para rentar en Brunswick, muy cerca de la CBD ¡estoy tan emocionada por eso! El único detalle es que estará listo para ser habitado a mediados de mayo. Es que, veamos. El primer mes estando en esta granja lo registré (aquí) como una etapa de mucho pánico. Se me salieron varios demonios en pantaletas, sobre todo el de la ansiedad y la impaciencia. Me descubrí muy incapaz de esperar, de disfrutar de mí, de mirar alrededor y agradecer por la belleza que me rodeaba. Estaba muy cegada por el futuro (el cual es solo una fantasía) que aunque se mostraba próspero y lleno de oportunidades, no era suficiente para mantener mi mente en calma. Una vez que conseguimos la casa y supimos que pasaríamos un mes más aquí, me propuse hacer un experimento que consistía en jugar a hacer lo que estuviese a mi alcance para disfrutar haciendo cosas que siempre quise hacer pero posponía por estar demasiado ocupada en estar ocupada.


Cuando de corazón decidí hacerlo, juro por dios que la vida cambió. Ir a pasear al bosque no era solo "perder el tiempo ensuciándose los zapatos" sino una oportunidad para inspirarme, ver más allá del árbol, de la lluvia, de Caiah abriéndome camino, del viento, de las cuevitas de los wómbats, del otoño despidiéndose y otras cursilerías que me permiten estar más presente, aquí y ahora, apreciando este segundo como lo único importante, sin cargar el pasado como un grillete y sin entregarle toda mi energía a un futuro que no es más que una ilusión, una invención de la mente que desemboca en ansiedad y expectativas. Cuando me di cuenta que en el arte de esperar hay infinita belleza, al mundo se le abrieron otras puertas. Esperar desde la paciencia y no desde la incertidumbre supone otra dimensión que se reduce a este momento. A esta palabra. A esta oportunidad única e irrepetible de notar por primera vez en mucho tiempo el ritmo de la respiración, el latido del corazón y la hijueputa magia de estar vivo, carajo.


Decidí darle más fuerza a mi experimento rompiendo patrones, por ejemplo, me hice ciertas preguntas con la honestidad más cruda e incómoda, y descubrí en las respuestas que soy absolutamente esclava (hablo nivel Lupita Nyong'o) de ciertas manías como por ejemplo, eso de hacer listas diarias de cosas por hacer ¡Hacer! Como si alguien me estuviese evaluando o exigiendo hacer algo. O sea, estoy viviendo en una granja en plan retiro espiritual y todavía siento el impulso de imponerme una rutina asfixiante para mantener las cosas "bajo control". Me han quedado hábitos muy dañinos del estilo de vida que sostuve años atrás y que he venido alimentando como si eso fuese lo único de lo que estoy hecha. Así que rompí ese y otros patrones más para entregarme a actividades nuevas, más adaptadas al lugar físico y espiritual en el que me encuentro hoy. Es increíble como nuestro ego puede llegar a extrañar partes de nosotros que ya están muertas y se resiste a enterrarlas. Ya no soy esa "publicista" que redactaba para marcas que no tenían nada que ver conmigo o esa "fundadora de marca local/diseñadora freelance" que caía en metodologías impulsivas. No significa que no quiera volver a ejercer la publicidad u otros proyectos de emprendimiento, definitivamente sí, pero bajo otros parámetros. Soy otra cosa ajena a todo lo anterior. Es más, soy nadie y eso me gusta más. Me siento como un lienzo fresco.


La vida insiste en repetirme la lección poniéndome en escenarios donde no me queda más que soltar, dejar ir, relajarme, ser más simple y disfrutar de este momento el cual es absolutamente perfecto y maravilloso por el mero hecho de ser. Insiste en enseñarme a meditar, calmar las voces internas para ser capaz de escucharme, leer mi cuerpo mejor, darle energía, atención e intención a lo verdaderamente importante, a mi misión de vida, la cual no logro vislumbrar del todo por ahora...pero escribo mientras encuentro el camino.





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