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2017: DIARIO DE UN BUEN AÑO

Actualizado: 1 may 2023

Listen! Clam up your mouth and be silent like an oyster shell, for that tongue of yoursis the enemy of the soul, my friend. When the lips aresilent, the heart has ahundred tongues. ― Rumi

¡Qué añazo, vaya locura!

El año comenzó siendo un chiste, pero de esos que no dan risa. Trámites de visa para Australia, búsqueda de un nuevo apartamento, nueva colección de bolsos y algunos malestares tanto físicos como emocionales enmarcaron el primer trimestre, lo cual me hizo lidiar con una sensación de estar viviendo en The Truman Show, creía que el cielo podría desparramarse sobre mi cabeza en cualquier momento, me sentía inundada de mí misma ¿Se han sentido así alguna vez?

Afortunadamente para abril ya tenía aprobada la visa, así que todo en mí y a mi alrededor comenzó a tomar forma, a encajar cual ficha de Tetris. El resto sucedió de forma ligera: compra de ticket aéreo, de maletas, despedirme de mi familia/ amigos y finalmente volar.

He dado saltos más altos de mi vida con los ojos cerrados y el corazón apretujado entre las manos, que si me muero sea riendo, y si sobrevivo sea celebrando con un grito de voz desleída por el shock.


SALTO CUÁNTICO


Llegué en mayo a Sydney, recuerdo haber tomado una siesta corta y profunda. Al despertar quise hacerlo todo: conocer la ciudad, vender muchos bolsos, convertirme en la ama de casa perfecta, mostrarme como una emprendedora exitosa que lanza pancakes al aire mientras le peina las cejas con la punta del tacón a su esposito. Lo quería hacer todo, a mí manera, bajo las coordenadas que le dictara al calendario, reñida por una ilusión muy clara y constante, estaba tan concentrada en eso que dejé de disfrutar del paisaje. Me enternecí con la fijación de seguir "sacrificándome" para ser mejor, de seguir "trabajando" en pro de obtener resultados tangibles, cuantificables, demostrables.

Déjenme decirles algo...

No hay cuerpo físico que resista esa auto-demanda. Cuando me detuve a preguntarme: "¿por qué hago lo que hago?" se me cayó y calló el mundo...para bien.


PROBANDO SUERTE


En junio decidí inscribirme en una página de babysitters a pesar del ruido que me hacía la idea. Siempre creí que no me gustaban los niños. No sé desde cuándo comencé a arrastrar esa creencia, pero vaya que estaba equivocada. En fin, la madre de tres niños (sí, tres) me contactó, me entrevistó y todo quedó en "te llamo cualquier cosita". No estaba preocupaba en ser seleccionada porque la verdad es que ser babysitter no era muy llamativo para una novata, recién llegada, que además tenía la firme convicción de odiar niños.

Para mi sorpresa, dos días después esta mujer me comunicó que me había seleccionado entre 5 chicas que había entrevistado porque "mis hijos se conectaron más contigo y tu energía" ¿Qué tal? Una semana después comenzó mi aventura de cuidar de tres hermosos niños que desde el principio se robaron mi corazón. Fueron un vivo reflejo, espejos perfectos para tantas cosas que no quería ver en mí. La relación con ellos me permitió llegar a recovecos de mi infancia y trabajar en ello.

Recordé lo que que se siente jugar, ser auténtico, golpear el caparazón, sentirse libre gritando, dar vueltas en el suelo, reírse a carcajadas, ser tonto, hacer como un pollito, darle importancia a lo que solía divertirme: reír, llorar, gritar, despeinarme. Con esta experiencia comenzó este journey de recordar lo bien que se siente dejar de pretender. Ser yo.

Comencé a distinguir nuevas nociones de aprendizaje a través de experiencias reales. Entendí que Australia resultó ser la mejor maloca, la verdadera ceremonia estaba sucediendo aquí. Este país me comenzaba a exprimir el ego como una espinilla que aún cuando había dolido toda la vida, la seguía maquillando.


LET IT BE!


Una de los temas que dejé en orden antes de abandonar Colombia fue el proyecto de los bolsos. Estrené Website, lancé una nueva colección, diseñé, edité, modifiqué, exigí, corrí, grité y después de tantos singulares en primera persona (¡pobre persona!), por su puesto, se cansó. Le tomó tiempo darse cuenta que los esfuerzos no compartidos solo dejan un agotamiento tremendo, se embotelló en una idea insistente que "tenía" que salir bien en el momento que ella pensaba era el adecuado. Hold your horses, baby!

Estando en Sydney continuó con esa fatiga de continuar trabajando en "la próxima colección" y todo lo que eso involucra, sin darse cuenta que la ingenua idea de producir semejantes proyectos por sí sola la estaban oxidando. Definitivamente estaba accionando el gatillo hacia direcciones incorrectas y era hora de corregir. Era hora de salir de esa burbuja y poner orden.

Salir de mi propia cabeza se sintió como respirar de nuevo. Entendí (realmente) que la magia ocurre donde hay trabajo en equipo, comencé a apreciar el poder de delegar y así liderar desde el amor y el disfrute, no desde el estrés, el afán y el control. Fue entonces cuando decidí dar un paso atrás y abandonar ese personaje que estaba interpretando, abrí la puerta para permitirme deshabitar esa mente llena de tanto ruido y comenzar a degustar los placeres de ser narrador testigo. Disfruto más la vida desde afuera, no desde los barrotes de un cuerpo programado por las circunstancias.


Y CON USTEDES...


Julio y agosto transcurrieron divinamente, era invierno, la ciudad se enterneció con un cielo nostálgico y no me apetecía más que hacer galletas, té y acurrucarme como un gato con sueño. Fueron meses de re-descubrir nuevas cosas y experimentar otras: 5 rhythm dance, tarot, yoga, viejos amigos, lugares, gente, restaurantes, las mejores y peores películas del mundo, en fin. Para esos meses asistía a este curso de Public Speaking llamado Toastmasters en el que aprendí tantas cosas, entre ellas a creer más en mí y escuchar de cerca como me hablaba. ¡Es que es increíble lo mucho que nos auto-saboteamos! Llegó el día en el que debía dar mi primer discurso, el Ice Breaker, que no era más que preparar la historia de tu vida, pararte en frente y presentarla en un máximo de 6 min. Me costó mucho, no solo compactar 27 años en 6 minutos, sino cumplir con los requisitos (la historia debía ser inspiradora, contener humor, tener una continuidad clara: pasado, presente, futuro, blah, blah).

No tengo problemas con hablar en público, de hecho me encanta hacerlo, ¡pero en español! En inglés me pareció una misión titánica, por tantas razones, entre ellas el hecho de poder hacer reír a estos australianos de humor anoréxico. En fin, me tomó dos días redactar mis choco-aventuras para presentarlas esa noche. Con mi turmalina colgando del cuello y esas ganas de hacer pipí increíbles me levanté del asiento a dar mi discurso. Me tomó unos segundos para sentirme como pez en el agua, soltarme un poco más y disfrutar el trayecto. El jurado resultó conmovido y yo que pensaba que estaba embarrándola al contar mis "duelos y penurias", pero pues, parece que reírse de uno mismo contiene una píldora de humor universal. Hoy descansa en mi mesita de noche la cinta del primer lugar como "Best Speaker". En agosto también comencé el curso de inglés al cual debía asistir por temas de visa. Al principio iba a regañadientes, pero de nuevo, la vida me puso en mi lugar presentándome gente encantadora en el camino y todo lo que conocer gente encantadora implica.


EN UN BOSQUE DE LA CHINA


Mi familia está constituida de fuertes y arraigadas tradiciones. Como tu familia. Como la de todos. Hay una especie de creencia tácita que consiste en pensar que todos somos iguales o estamos hechos de lo mismo porque nos criaron bajo los mismos parámetros y compartimos apellido. Este año representó un cambio de ruta para todos y el quiebre de esa y muchas otras creencias. Para muestra un botón:



Mi hermano, un día cualquiera, me dijo que se iba para China, ¡por su puesto pensaba que era un chiste! Hasta que me aclaró que ya había sido entrevistado vía Skype para ir a ser profe de inglés en Chengdú. Lo felicité y me sentí tan tremendamente orgullosa que no me cabía el corazón en el pecho. Al mismo tiempo sentí un sustito desprendido de este rol de hermana mayor que piensa en el bienestar de su "hermanito" al que no le gusta el pescado y aún no sabe cocinar. ("¿Cómo va a sobrevivir solo nuestro querubín en ese país de come-ranas?") Una vez más, se trató de soltar, de dejar que la vida suceda y nos sorprenda con su sincronicidad divina.

Me preocupaban muchas cosas de las que ahora ni me acuerdo. Llegó septiembre y mi hermano volaba a China, dejando a mi mamá "sola" (o consigo misma, que es lo hermoso de todo esto) en Medellín. Me aterraba la idea de no poder estar allí apoyándola justo en esos meses en los que se aproximaba su operación y otros asuntos del mismo calibre andaban a toda máquina. Septiembre fue un mes maravillosamente sorprendente. Afortunadamente todo encontró su debido lugar en el momento ideal. Por otra parte, dejé de ser babysitter por un tiempo para probar suerte como mesera. Aprendí muchas cosas relacionadas con la gente, la humanidad que nos compone y la belleza en la diversidad. Y desde el pecho para dentro aprendí lo mucho que aún debo trabajar el aprecio por mi misma y el derecho que tengo de decir "no". Renuncié después de tres semanas al restaurante. Pero definitivamente debía vivirlo.


¡FELIZ AÑO!


Octubre y noviembre fueron para dejarse llevar. Una vida entera insistiendo en remar en otra dirección hace que finalmente te relajes y dances con el río.

Siempre está el miedo a no sobrevivir, pero irónicamente lo único que te hará sobrevivir es precisamente el confiar. Y en esa onda fue llegando el fin de año a mi calendario.

Recibí el 2018 abrazando a Carlitos mientras veíamos fuegos artificiales en Melbourne, ciudad de la que por cierto me he enamorado inevitablemente...pero ya de eso les contaré en la siguiente publicación.

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