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2020: DIARIO DE UN BUEN AÑO

Actualizado: 14 abr 2023

¡Vaya añito!



Comenzó con una ruptura amorosa que me dejó balbuceando canciones grises en inglés. Pero también lecciones de vida invaluables, recuerdos maravillosos y una versión de mí más consciente, sin duda.


Veamos…


EL TÚNEL


Enero consistió en despojarme de la energía que queda después de un desamor. Fueron casi 4 años de una relación hermosa e intensamente profunda, que dejó en mí una sensación de haber entrado en un agujero negro en Colombia y del que fui escupida aquí en Australia. Cambié mucho en estos años. Mi mente ajustó sus maneras de percibir el mundo, mi alma distinguió su propia voz en el proceso. Estas lecciones me hicieron una nueva criatura que se desprendió de un bagaje de creencias erróneas. Esas grandes lecciones las vislumbro ahora como prioridad de vida. Aprendí que una relación amorosa y la fantasía romántica detrás de ella no me definen como mujer. Primero soy humano. A eso apuntó este año: Al SER humano.


Recibí el año en Sydney. Regresé a Melbourne 5 días después a vivir a un nuevo apartamento en Preston. Se sintió muy refrescante ese nuevo comienzo. Era yo y la ciudad, una nueva oportunidad de vivirla desde mis propios ojos. Me sentía rara, pero intensamente estimulada por todo lo que antes no había notado estando en pareja.


Cumplí 30 años en marzo. A pesar de estar advertida sobre "el impacto" que tendría cumplir 30, honestamente no sentí más que felicidad de poder llegar al tercer piso, sana, clara y batiéndole la melena al sol. Hasta ese punto el año iba a toda máquina hasta que el planeta se vió afectado por la pandemia de COVID-19, pero no fue hasta marzo que el gobierno de Australia hizo oficial el cierre de fronteras a los extranjeros, comenzó el distanciamiento social y el cierre de locales y restaurantes. Tengo que aceptar que me tomó unos buenos meses reaccionar a esta realidad ¡Parecía de película! Mis nietos no lo van a creer. Sobre todo cuando les cuente que los australianos reaccionaron comprando papel de limpiarse el culo para salvarse de un “final inminente”. Las filas eran largas en los supermercados y los productos para enfrentar un apocalipsis eran escasos.


LA BICICLETA VOLADORA


Continué trabajando a pesar de la parálisis fantasmal de la ciudad. Mi rutina se repetía 5 veces a la semana, 8 horas diarias. Cuidaba a dos niños a quienes llevaba a parques desolados en pleno invierno. Sí que ejercité la creatividad durante esta temporada. Me compré una bici que me mantuvo activa, alerta y consciente de lo afortunada que fui...que soy. Sin duda esta experiencia fue positiva financiera y físicamente, sin embargo a la mente le hacían falta nuevos colores...y vaya que los encontró. Mis fines de semana comenzaron a ser muy psicodélicos sin planificarlo. Gracias a esos viajes siderales llegué a profundidades de mi psique que no había explorado. Fue divertido, estimulante, surgieron nuevas conexiones conmigo misma y con mi nueva pareja. Aunque también resultó abrumador. Después de una larga temporada de turismo interno, de viajar a dimensiones maravillosas, sutiles y escandalosas, me detuve cuando necesité aterrizar en esta realidad también fascinante. Siento que se abrió un nuevo vórtex, quizás invocado inconscientemente.


Abril y mayo consistieron en trabajar en diligencias relacionadas con mi residencia en el país. Finalmente en junio fue aprobada mi visa. Pasó tan rápido. Recibí una llamada del abogado dándome la buena noticia apenas unos días después de haber aplicado. Exploté de llanto, de emoción. Se sintió como si, de repente, todo cayó en su debido lugar.


A RESPIRAR


Desde julio comencé a sentir mucho más la presión emocional como consecuencia de la rutina. El invierno. La falta de interacción social con nuevas personas. Estar a días en distancia de mi familia. Extrañar ver los rostros de la gente sin máscaras. Fueron meses de muchos excesos. Me sentía incómoda, inquieta, atravesada en mi propio camino. Rocé varios extremos que me hicieron poner el freno de mano. Esta emergencia me ayudó a sacudirme desde las orejas hasta la cola. Se sintió bien decir basta. Desde octubre comencé a trabajar solo 3 días por semana y fue bendito. Necesitaba ese tiempo extra para descansar, procesarlo todo, dejar salir emociones que había negado y suprimido antes. Estaba sumamente cargada. Solo la pausa, el tiempo a solas y el silencio me hicieron notar el ruido mental en el vivía, esa efervescencia constante. A finales de octubre abrieron coffee shops y tiendas nuevamente. Las restricciones se flexibilizaron así que desde Halloween, cada fin de semana fue una celebración muy bien merecida. En Noviembre comencé sesiones psicológicas, se sintió como puro oxígeno (como si me hubiesen golpeado con el tanque de oxígeno, para ser específica). Sin embargo, no puedo estar más agradecida por ese despertar. Estar de nuevo en una relación romántica también ha sido terapéutico. Dejar mi botecito en la orilla después de navegar tantas posibilidades e imposibilidades, echarme en la arena y déjame besar…¡Qué buen feeling! Además me permite verme reflejada muy claramente en un espejo muy poderoso. Ver lo hermoso, lo feo, lo absurdo, lo fascinante, lo real, lo imaginario. Fue un mes de más intimidades y otros procesos que se fueron desencadenando naturalmente. La vida, la vida...y su divina danza.


LA VENGANZA DE LA ALMOHADA


En diciembre me mudé. Fue ideal hacerlo. En este proceso de dejar el ruido atrás, habitar una casa en una zona menos ajetreada es fantástico. Una parte de mí cree comprender a los viejos que, entre cansados y satisfechos, deciden irse al campo. En fin. Mientras escribo esto parpadeo lento porque el sueño me ralentiza. Llueve afuera, suena Nils Frahm y me invade un sentimiento de agradecimiento puro. No me cambio por nadie. Entendí mi responsabilidad sobre mis ángeles y mis demonios. Fue un año de mucho movimiento interno, sobre todo al mirar mi furia de frente después de tanto tiempo tratando de esquivarla. Aceptarla ha sido profundamente liberador. No solo la acepto, también honro el mensaje que ha traído. Ha sido profundamente transformador, aunque nada fácil. Si mi almohada pudiese vengarse de todos los gritos que vertí en ella, já. Ha sido un parto espiritual, una catarsis constante en la que descubrí que soy el puño, el puñal, el dolor, la herida, pero también la medicina que la sana. No me arrepiento de absolutamente nada, fue un año de chapuzones al interior, a la infinidad que me hace y eso es tremendamente alucinante.


Solo el ruido constante presionará los tímpanos tanto para que el silencio interior comience a surgir. Solo el dolor corrompe la superficie que abre espacio para que ingrese la luz. Solo el peso, el dolor y la presión que crea lo insostenible convierte el carbón en diamante. Estoy aprendiendo a ser libre...de mí misma.

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